LA PILLERÍA EN LA TOMA DE CAJAMARCA

por

LA PILLERÍA EN LA TOMA DE CAJAMARCA

EL “REQUERIMIENTO”

Cuando Atahualpa llegó a la plaza de Cajamarca en andas de oro y su gran comitiva, Francisco Pizarro se apresuró a enviar a fray Vicente de Valverde (de la orden de Santo Domingo), al soldado Hernando de Aldama y al intérprete Martinillo al sitio donde se hallaba Atahualpa Inca. Frente al Sapa Inca, el cura Valverde procede a hacer el requerimiento correspondiente: a). Pide su rendición, que se someta al dominio de su majestad el Rey de España, don Carlos I. En otras palabras, que entregue su imperio, con su territorio, gentes y riquezas, a otro señor que el Sapa Inca ni conocía. b). Exige que abjure de su fe y abrace la doctrina cristiana-católica. Es decir, que en esos momentos, sin tener la mínima información de Cristo y su doctrina, dejase de creer en sus dioses, en el Inti, en aquella filosofía y religión que había sido creación de la cultura andina.

Por supuesto que el Sapa Inca tomó todo ese requerimiento con una mezcla de curiosidad, desdén e indignación. Observó el Sapa Inca que Valverde (posteriormente, premiado con el obispado del Cusco) tenía en sus manos un objeto al que dirigía la mirada antes de articular palabra alguna. Se lo pidió. Abrió el libro, que era un breviario con los apuntes del discurso de Valverde, lo vio con detenimiento y, al no encontrarle ningún significado para él, lo arrojó al suelo con furia. Luego, le pidió su espada a Aldama. El chapetón se la enseñó, pero no la entregó.

Acto seguido, Atahualpa Inca le respondió a Vicente de Valverde: a). Que lo primero que tenían que hacer los españoles era devolverle todo lo que habían tomado de sus tierras, sin su consentimiento. b). Que nadie tenía autoridad para decir lo que el hijo del sol tenía que hacer. Que él haría su voluntad. c). Que los extranjeros se “fuesen por bellacos y ladrones”. En caso contrario, los “mandaría matar”.

LA MATANZA DE CAJAMARCA

En eso, a una señal de Pizarro, sonaron los falconetazos de la artillería de Candia. Los nobles guerreros que habían subido al torreón, sorprendidos por el estruendo, saltaron por las ventanas y puertas. Los rostros de los acompañantes de Atahualpa Inca denotaban pánico colectivo. Antes de que se repusieran los guerreros del Sapa Inca, empezaron a tocar las trompetas y salieron los caballos en tropel. En seguida, lo hicieron Francisco y Juan Pizarro con sus tropas de infantería, muchos de ellos con los “caza-indios” o perros dogos. La caballería fue la primera en embestir a la sorprendida masa humana. Mientras los briosos corceles pisoteaban a diestra y siniestra a los indefensos indios, las espadas buscaban sus cuerpos para matarlos o herirlos. En seguida, los arcabuces de la infantería soltaron sus primeros tiros contra la masa humana. La intención de Francisco Pizarro y de Juan Pizarro era abrirse paso hacia donde estaban el Sapa Inca y el Señor de Chincha. Entre tanto, los feroces dogos fueron soltados contra la multitud, iniciando su macabro festín con carne humana.

Hecho tan inesperado desató un pánico colectivo. La gente, calculada por los mismos cronistas en unas “seis o siete mil personas dentro”, quería salir de la plaza a como diera lugar. Como la puerta no era espacio suficiente para la huida, unos a otros se apretujaron y derribaron una de las paredes de la muralla del tambo real, de unos 1300 m de largo y casi 2 m de altitud. Caballeros y dogos los persiguieron hasta los Baños del Inca, “donde hicieron grande estrago, y hicieran más si no les anocheciera”.

LA CAPTURA DEL INCA ATAHUALPA

Francisco Pizarro fue a dar con las andas de Atahualpa Inca. Juan Pizarro a la del Señor de Chincha, quien fue muerto enseguida. También fue muerto el Señor de Cajamarca. “Otros capitanes murieron, que por ser gran número no se hace caso de ellos, porque todos los que venían en guarda de Atabaliba eran grandes señores” (Jerez). “…y lo mismo fuera de Atabalipa si no se hallara el marqués allí, porque no podían derribarle de las andas, que aunque mataban los indios que las tenían, se metían otros luego de refresco a sustentarlas, y de esta manera estuvieron un gran rato forcejeando y matando indios, y de cansados un español tiró una cuchillada para matarle, y el marqués D. Francisco Pizarro se la reparó, y del reparo le hirió en la mano al Marqués, queriendo dar a Atabalipa; a cuya causa el Marqués dio voces diciendo: ‘Nadie hiera al indio so pena de la vida’…”. Entonces, 8 soldados españoles se metieron entre los indios y cogieron un lado del anda, tiraron de ella hasta ladearla y hacerla caer.

“Fue cosa maravillosa ver apresado a tan grande señor”. El indefenso Atahualpa Inca fue reducido por el marqués y dos o tres de sus soldados y tomado preso. Dice Jerez: “Cosa fue maravillosa ver preso en tan breve tiempo a tan gran señor, que tan poderoso venía”. De parte de los atahualpistas murieron el Señor de Chincha, el Señor de Cajamarca, cientos de orejones y miles de indios. “…y porque los indios daban gritos los mataron a todos con los caballos, con espadas, con arcabuces como quien mata ovejas, sin hacerles nadie resistencia, que no se escaparon de más de mil, doscientos” (Titu Cusi Yupanqui). Los pizarristas tuvieron solo una pérdida, la de un negro esclavo.

¿QUÉ OTRAS COSAS HUBO EN CAJAMARCA?

Es conveniente aprovechar esta ocasión para manifestar que los cronistas españoles trataron de ocultar la presencia, durante toda la conquista, de los indios auxiliares que vinieron de Panamá, de los indios que Hernando de Soto reclutó en Nicaragua, de los negros esclavos que muchos de los conquistadores usaban como portadores y de los miles de huascaristas o anti-incas que ayudaron a Pizarro desde su llegaba a Puerto Viejo o Guayaquil. Que el soldado cronista Estete declare que sólo perdieron a un negro en la toma de Cajamarca es para realzar la hazaña que habían logrado unos pocos españoles contra miles de indios. A Atahualpa Inca lo encerraron en uno de los ambientes del Templo del Sol.

 

Julio R. Villanueva Sotomayor

Lima, 5 de febrero de 2018

www.identidadjrvs.com

 

Escribir un comentario

Tu email no será publicado.